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Garrett Fitzgerald es un estudiante de Segundo año de la Maestría en Estudios Teológicos y candidato en la Escuela Teológica de Harvard, su concentración es la compleja relación entre religión, derechos humanos y los movimientos por la paz y la justicia social. La sesión de Enero del Grupo y proyecto del Comité sobre Estudios de Derechos Humanos de la Universidad (UCHRS – sigla en Inglés) estuvo co-patrocinado por el Centro de Estudios Latinoamericanos de David Rockefeller de la Universidad y administrado por la Dra. Monica Maher, Directora Asociada (UCHRS) junto con Lauren Herman, Coordinadora del Programa (UCHRS).
En la mañana del 28 de Junio de 2009, actuando bajo las ordenes de un permiso secreto autorizado por la Corte Suprema, aproximadamente cien miembros de las fuerzas armadas hondureñas atacaron sorpresivamente al Palacio Presidencial en Tegucigalpa y forzaron la salida del Presidente Manuel Zelaya de la oficina y de el país. Desde junio, Honduras ha sido absorbida por una incertidumbre social y política. Muchas personas en el país no ven estos eventos como un golpe y consideran que los gobiernos subsecuentes de Roberto Micheletti y Porfirio Lobo son legítimos. Otros ven los eventos posteriores al 28 de Junio como un escape para cubrir los intentos de Zelaya de continuar inconstitucionalmente, extendiendo su período y comparándose con el modelo socialista de Chávez.
Mas allá del debate, los efectos dramáticos de la situación de Honduras han sido estimulados por los eventos del 28 de Junio. A mediados de Enero de 2010, un grupo de estudiantes de la Escuela de Teología de Harvard, dirigido por dos miembros del Comité de Recursos Humanos de la Universidad y acompañados por feligreses de la Iglesia de San Javier de Nueva York, viajó en misión. El propósito del viaje fue aprender sobre la situación de Derechos Humanos en el Norte de Honduras por medio de estudio de los hechos y eventos, particularmente en la mayor zona industrial del centro de San Pedro Sula y cerca de El Progreso.
En entrevistas con colectivos y organizaciones de derechos humanos, los entrevistados enfatizaron una y otra vez la increíble tensión que produjo el golpe de estado y la cultura de violencia que se ha tomado a Honduras. También como los derechos de las mujeres y otros grupos marginalizados históricamente se han visto afectados. Muchos de los entrevistados describieron que hay una cultura de impunidad en contra de los derechos y actos violentos hacia las mujeres que existía antes de el golpe, pero que después de éste la situación se ha vuelto mas brutal y letal.
El nivel epidémico de la violencia intrafamiliar y actos de feminicidio en muchas ocasiones no fueron castigados antes del golpe, después de éste la violencia en contra de las mujeres se ha vuelto sistemática y visible, entre ellos: el acoso sexual, la intimidación y las violaciones realizados por los contras, la policia y las fuerzas militares en un esfuerzo sistemático de romper y disolver el movimiento de Resistencia. El cual está compuesto alrededor de un 60% por mujeres.
El dramático síntoma de la violencia no solo ha afectado a las mujeres, también ha alcanzado a diecinueve prominentes líderes de la comunidad LGBT (Lesbianas, gays, bisexuales y transexuales.) Ellos han sido asesinados. Sistemáticamente han sido afectada también, la comunidad Garifuna, los cuales son descendientes de los esclavos Africanos traídos por los españoles y que se encuentran a través de la Costa Atlántica en Honduras. En Triunfo de la Cruz, una comunidad Garifuna, que está ubicada a varias horas de camino de San Pedro Sula, han sido afectada por varios ataques que han despertado sospecha en el pasado mes. La emisora local, el centro comunitario y un restaurante local han sido víctimas y como resultado, la pequeña industria turística ha sufrido un considerable decaimiento.
Como en otros períodos difíciles de la política Latinoamericana, la mayoría de la resistencia al golpe de estado y su legado han encontrado una voz en la expresión teológica y religiosa. A pesar del silencio- que usualmente se toma como complicidad de la jerarquía de la Iglesia Católica nacional, laicos activos y miembros de algunas órdenes religiosas (nosotros nos reunimos en repetidas ocasiones con los Jesuitas y las Hermanas de la Misericordia), continúan diseñando materiales religiosos como un esfuerzo para darle sentido al sufrimiento provocado por la injusticia que los rodea.
A pesar de la cultura de violencia y la impunidad que se mantiene por el golpe de estado, un espíritu de esperanza para una Honduras más democrática y justa se mantiene. Levantando la fuerza en la resolución que acompaña la lucha por la justicia aquí y ahora, y la afirmación de la justicia de Dios que llega. Nosotros nos mantenemos en solidaridad con nuestros hermanos y hermanas en Honduras, trabajando y orando por su seguridad y éxito eliminando la actual cultura de violencia y construyendo una sociedad más pacífica y democrática.




